Razones que explican por qué el aburrimiento infantil es necesario en todas las etapas del aprendizaje

Nos encontramos inmersos en la era de la multiactividad y la multitarea. Necesitamos tener las 24 horas de nuestro día ocupadas con tareas que eviten que podamos sentirnos vulnerables, solos, aburridos. Necesitamos tener siempre la mente ocupada en algo que evite que podamos sentirnos indefensos ante el mundo. Pero, ¿habías pensado alguna vez que el aburrimiento infantil es necesario?

Los niños pasan, de media, diez horas de su vida diaria haciendo actividades: después de llevar a cabo sus rutinas de cada mañana, entran al colegio, en el que impartirán materias, en algunos casos en horario de mañana y tarde. Tras su jornada académica, llega el turno de las extraescolares y, si todavía queda algo de energía, cuando por fin entran en casa, más rutinas: hacer alguna tarea escolar pendiente, ducha, cena, lectura o tiempo para las pantallas, dormir y al día siguiente vuelta a empezar de nuevo.

La sociedad en general dificulta mucho la conciliación familiar, así que los padres, agobiados por no tener tiempo suficiente para pasar con sus hijos, llenan sus días de actividades con las que puedan sentirse ocupados y, por qué no, les ayuden a desarrollar talentos que pueden tener innatos.

Entre tanta actividad y tanto estímulo externo al que nos sometemos y al que sometemos a nuestros hijos cada curso escolar, no queda apenas tiempo para el juego libre. Y, mucho menos, para el aburrimiento. Pero, ¿sabías que tu hijo también necesita tiempo para estar aburrido? E, incluso, necesita tiempo para recordarte lo aburrido que está.

La sobreestimulación, el peor enemigo del aprendizaje

Los niños están sometidos a gran cantidad de estímulos diarios: a través de sus múltiples actividades pero, sobre todo, a través de las pantallas. Y, de acuerdo a un grupo de investigación de la Universidad de Granada, la sobrestimulación infantil puede afectar al aprendizaje: hace que pierdan interés.

De acuerdo a Miguel Ángel D’Acosta Balbín, esto no pasa cuando el niño se aburre porque ese aburrimiento despierta su creatividad. Pero, con el exceso de estímulos, nunca podrán experimentar esa sensación porque no sentirán la necesidad de buscar algo con lo que entretenerse.

El aburrimiento mejora la creatividad

Al hilo de lo anterior, conviene hablar un poco más distendido sobre el tema. Hace unos años, Teresa Belton, investigadora de la Universidad de East Anglia, en Reino Unido, analizó, gracias al análisis a una escritora y un artista, la manera en la que el aburrimiento había ayudado en la creatividad de ambos cuando eran pequeños. «El aburrimiento la hizo escribir. Llevaba un diario desde que era muy joven, lleno de observaciones, cuentos, poemas y diatribas. Ella atribuye a estos inicios a que se convirtiera más tarde en escritora», comentaba la investigadora a la BBC.

Aburrirse despierta la imaginación

«Mamá, estoy aburrido». Estamos seguros que cualquiera de vuestros hijos os ha dicho en más de una ocasión esta expresión que tanta angustia provoca a las familias. Pero, como decíamos al principio, los niños necesitan aburrirse.

Otra de las razones principales es que el aburrimiento despierta su imaginación. Después de recordarte que no sabe qué hacer, ¿qué hace tu hijo? Probablemente, no se quede sentado mirando a la nada.

Buscará entretenimiento en las cosas más sencillas: si estáis en el parque, empezará a jugar con la arena, con un palo, volverá a los columpios y sociabilizará con otros niños… Si estáis en casa, cogerá sus juguetes, se pondrá a ver una película, dibujará o te pedirá ayudarte en las tareas de casa. Pero siempre buscarán, por su propio pie, algún aliciente a ese aburrimiento.

Así que no está de más que aprovechen el aburrimiento para practicar el juego libre. Y no está mal tampoco que vosotros, como su familia, les permitáis aburrirse y dejar que sean ellos los que encuentren la manera de ocupar el tiempo. Intentad no darles las cosas hechas; no les pongáis o les propongáis ninguna tarea ni actividad. Al menos, durante un rato.

Belén Gopegui, escritora infantil, lo explicaba muy bien a El Diario: «El aburrimiento es un desencadenante, a partir de él comienza algo distinto. Si no se produce, la rueda sigue sin interrupciones y no surge lo nuevo. Aburrirse permite pensar, concebir planes, ideas, imaginar a las demás personas y tal vez convocar a alguien que ese mismo momento quizás está preocupada o con ganas de dar un paseo».

El aburrimiento como medio para autoconocerse

A través del aburrimiento, los niños podrán conectar con su yo interior y escuchar qué es eso que les apetece hacer en ese momento y qué es lo que no les apetece nada de nada. Nancy Colier, psicoterapeuta y maestra de mindfulness, lo tiene claro: «los niños requieren espacio para descubrir quiénes son, cómo aplicar sus habilidades a nuevas situaciones, cómo superar obstáculos e improvisar y cómo sentir satisfacción al lograr algo».

24 / 09 / 21